Si te equivocas, admítelo

Hoy analizamos el valor de los errores en el ámbito profesional y su lado más positivo de cara a resolver cualquier incidencia. ¿Quieres saber cómo convertir una equivocación en una experiencia positiva? Aún mejor, ¿te gustaría conocer la técnica que transforma el error de otros en un beneficio para todos? Presta atención, porque el lenguaje y la conducta social son claves fundamentales para lograr tus objetivos.

Como sabes, hoy en día, habitamos un mundo repleto de contradicciones donde el hábito hace a la conducta. Los medios de comunicación y la interacción social nos empujan desde la infancia a participar del imaginario colectivo. A través de ese universo compartido, adquirimos las herramientas necesarias para introducirnos en el grupo y adaptar nuestras fórmulas de supervivencia a sus normas conductuales.

Por ejemplo, los conceptos del bien y del mal. ¿Quién dictamina qué es correcto? ¿Quién decide donde comienza el límite de la incorrección? En el ámbito profesional “el error” ha sido considerado durante décadas motivo de críticas poco constructivas. A día de hoy, la demonización del término aún sigue vigente y hay quien piensa que lo que nos hace humanos nos hace menos eficientes. ¿Están en lo cierto? ¡Por supuesto que no! El “error”, bien considerado, es una nueva oportunidad para crecer y seguir evolucionando.

Entonces, ¿qué hacemos con todas aquellas personas que no saben valorar las oportunidades que brinda el error? Muy sencillo, aprender a dialogar con ellas para dirigir su conducta hacia un entendimiento más eficaz. ¿Cómo lo vamos a lograr? Con una autocrítica descarada, abierta e inesperada.

¿Para qué defender lo que otros no creen? o, peor aún, ¿para qué defender lo que ya sabes que es indefendible? Tengas o no tengas razón, admite el error con tranquilidad y seguridad antes de que tu interlocutor se deje llevar por emociones incontrolables. El impacto será tan considerable, que le dejarás desarmado. No agaches la cabeza, normaliza tu argumento y posiciónate. La sinceridad y la naturalidad serán tus armas de control.

Viene perfecto citar a Dale Carnegie y a su biblia conductual en los negocios, Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. En ella, aseguraba que: «cualquier tonto puede tratar de defender sus errores -y casi todos los tontos lo hacen”. ¿A dónde nos lleva esta actuación tan impulsiva? A demostrar nuestras inseguridades, a desvelar nuestro ego, e inevitablemente, a la disputa, el mayor retroceso en una buena comunicación. ¿Quieres cambiar las tornas y resolver ese error obteniendo un beneficio tanto para ti como para tu grupo de trabajo?

Prueba a cambiar de táctica y sé más práctico. Piensa más y deja a un lado los impulsos. Haz como aconsejaba Carnegie, critícate a ti mismo, pronuncia en voz alta todo lo que parece estar pensando sobre ti la otra persona y RECONOCE “el error” con espíritu resolutivo. Verbalizarlo en primer lugar te dará la oportunidad de quitarle la razón a tu interlocutor antes de abrir la boca. Es más, afectará tanto a su discurso que reaccionará de manera empatía, procurando evitar ser demasiado duro. Su autocrítica personal despertará su comprensión, lo que te permitirá ganarte su respeto y, ¿quién sabe?, puede que incluso un reconocimiento por tu trabajo.

Lo importante es que haya entendimiento. No hay tiempo para reproches, la incomunicación es un lastre innecesario para una empresa con visión de futuro.

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